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Mostrando las entradas etiquetadas como Hijos

Marita la Mariposita

Una pareja muy linda de mariposas, llena de ternura y sinceridad, tuvo muchos hijitos e hijitas. Como todos sabemos, las mariposas, antes de volar, son gusanitos largos y puntiagudos que suben por las ramitas para buscar las hojas más verdes y tiernas.  Como también sabemos, poco a poco, a medida que los gusanitos crecen y se alimentan, se convierten en lindas mariposas que vuelan de una flor a otra, comiendo el dulce néctar y revoloteando sus alitas para dar alegría al sol. Pero antes de convertirse en mariposas, las larvitas tenían que hacer algo especial. Antes tenían que acercarse a sus papitos y escuchar sus consejos, y de acuerdo a la reacción de sus hijas e hijos, los padres escogían el color de las alas de las futuras maripositas.  De esta forma, uno a uno, los gusanitos se acercaban a sus padres, y después de escuchar sus consejos, salían volando como maripositas. Llegó el turno de Marita, la última larvita. Se inclinó ante sus padres con mucha reverencia...

Juguetes

Surgió esa pregunta como si se iniciara una de esas grandes discusiones filosóficas: "¿Papis, por qué esa niña tiene tantos juguetes y nosotras no?". Más que pregunta, era una carencia insustancial mal disfrazada de reclamo. Y ahora que la Navidad toca los bolsillos, la respuesta, mejor dicho la incrédula justificación hecha respuesta, no tiene cómo salir. Mala es la suerte de aquellos padres que con todo el amor tienen poco dinero para satisfacer la demanda. Pero el viento susurra y la providencia sobrecoge, así que hijas mías escuchen esto: “Una niña no es feliz por la cantidad de juguetes que tiene, sino por la cantidad de sentimientos que comparte con las personas que ama”.  Como dije, parecía una de esas grandes discusiones filosóficas, pero el rostro ceñido de las niñas no quería chamullo. Así que mi esposa y yo, claro está, terminaremos comprando los juguetes, los baratos, y luego compartiremos la sonrisa de las niñas, porque amor les sobra a ellas aunque no te...

Hijos del Sol

Nacimos de su vientre cultivado por tu esperma en los principios del tiempo, así fue que te hicimos padre y así es hoy que somos tus hijos. Desde entonces con gran devoción te aclamamos Tayta Inti, y aunque ello no determine recibimos tu luz a diario, incluso con gran bondad imprimes tu gracia en los niños tal como la primera luz del amanecer. Tayta Inti, eres lo que eres cuando tus brazos llegan a esta tierra, eres lo que eres allá en tu esencia, en tu núcleo. Ilusos fuimos, ilusos fuimos al acuñar en tu nombre nuestros privilegios y conquistar lo ajeno. Ilusos fuimos al derramar la sangre de otros para adorarte con el corazón ambicioso. Perdónanos Padre porque ya hemos pagado el precio, ya hicieron con nosotros lo que a otros hicimos... Ya no queremos consolarnos cantando nuestras glorias en estas piedras derruidas. Ahora que cultivamos la tierra y amasamos el cemento, nos damos cuenta otra vez que eres lo que eres cuando tus brazos alcanzan esta tierra: calientas el útero de la ...

Familia

Luego de la discusión se miraron llorando, y heridos en el fondo se abrazaron. La claridad de su llanto ayudó a ver el alma de cada uno, solo así pudieron leer en silencio qué decían sus corazones: olvidemos todos los antecedentes. Nada de los hechos del pasado serán nombrados, aunque son el germen de estas palabras. Todo empieza ahora. Lo que salga a continuación ayudará a conservar lo que más amamos de verdad: el compromiso de la sangre. Las bases de nuestra unión reposan en el vaivén de la felicidad y la tristeza; cuando hay fiesta crece la sonrisa y cuando hay enfermedad sobreviene el dolor, como decir que un día agradecemos el calor y más tarde aborrecemos el frío. Así, con altos picos y hondos abismos, no lograremos encontrar el permanente veranillo que espera en nuestro interior. Las exaltadas emociones nunca despertarán la sonrisa perenne de nuestros hijos. Debemos cambiar, por los papis, por la amistad de los retoños, por la sangre convertida en amor. Empecemos hablándon...

La jaula

Afiche Ch.Q. Nació acompañada de su llanto estrepitoso. Apenas salió del vientre tomó su primera bocanada de aire sin dudar. Vino sana, completa, robusta, perfecta, lista para el mundo. Desnuda como todas las anteriores a ella, solo le hacía falta el pecho de su madre, nada más. Ahora crece bajo los preceptos de sus padres, es tierna como él y sustanciosa como ella; sabe saludar y decir "por favor", podría vencerte con una sonrisa o doblegar tu enojo con un gesto, podrías darle todo sin que te lo pida. Es dócil, intrépida, valiente, dotada, fornida, incansable, irresistible. Pero no va más allá. Vive en un nido hecho de metal y de laberintos sin salida. Le ponen límites disfrazados de consejos y le dan juguetes terrenales para que no intente volar. Vive en una jaula, volando a medias, fingiendo caídas en el colchoncito de seda, sin lastimarse. Sus padres le mantienen esa promesa que se prolonga hasta la "mayoría de edad"; está atada a las emociones de ell...