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Mostrando las entradas etiquetadas como Matrimonio

Encantamiento para la mujer amada

Llevo 20 años de casado y debo confesar que estos últimos meses, como dice mi mujer, he estado distante. Algo de verdad tienen sus palabras, porque una mujer sabe. Entonces, hoy, mientras leía, encontré una receta para atizar el fuego del maridaje. Dice así: “[hay que] cantar a nuestra mujer […] Para que nuestra mujer nos ame”.   Sí, en efecto, vale ir al karaoke y dedicarle la canción de enamorados o cantar con voz de gallo degollado el tema romántico de temporada (excepto Bad Bunny). También vale sorprenderla vestido de mariachi con micrófono en mano o hacer la fonomímica en calzoncillos. Sí, vale. Pero, esta receta no habla de ello, aunque se pueda interpretar así. Habla de otro tipo de canto, de un encantamiento.  El consejo proviene de un indígena amazónico del pueblo shuar, Jorge Caringkia. Dice que su padre y, especialmente su abuelo, le enseñaron a cantar para que su mujer siempre lo ame. Jorge, sin embargo, no precisa cómo, pero comprendo que se trata de un canto pers...

Carencias Básicas Insatisfechas

¿De qué careces esposa mía? ¡Te pregunto de una vez por todas! ¿Acaso careces de lealtad? ¿Acaso careces de afecto? ¿Acaso careces de adulaciones? ¿Acaso mi palabra es irrespetuosa? ¿Acaso careces de una conversación romántica? ¿Acaso careces de un beso espontáneo? ¿Acaso careces de la cursi rosa roja después de la pelea? ¿Acaso careces de desatención? ¿Acaso careces de coqueteo y tocamientos indebidos? ¿Acaso no disfrutas del placer? ¿Acaso no suspiras de amor al día siguiente? ¿Acaso no valoras nuestra soledad? ¿Acaso mi amor no te vasta? ¿Acaso mi confianza en ti no es ciega? ¿Acaso no obedezco tu mirada? ¿Acaso careces de aire, de sol, de lluvia, de tierra? ¡¿Acaso, al final de cuentas, careces de Dios?!  Mujer, te acepto que no sea amigo de los detalles románticos, y que a veces no te ayude con las crespas, y que el mucho dinero no sea mi fuerte. Acepto que careces de eso. Pero también acepta que tienes mucho aunque lo haces parecer como nada. Acepta que no e...

Yanantin 1

Mucho después del primer coqueteo, incluso mucho después del primer beso santificado en aquella montaña, decidimos unirnos en ley y norma tratando de sellar lo que ya estaba escrito. Dijeron que era muy pronto, que tu vientre crecía sin esperma efervescente y óvulos sin macerar, que el fruto hecho en la escuela del amor debía nacer en un hogar con título universitario. Los incrédulos nos dieron muchas lecciones disfrazadas de afectos y aún así empujamos el cochecito. Nada nos detuvo ¿recuerdas?, no había miedo solo simples reglas: un grito equivalía a mil disculpas, una cara enojada a dos muecas y una apuesta perdida a tres mordidas debajo de la espalda.        Dijeron que después de un tiempo la costumbre entraría en silencio para hacernos compañía, pero no dijeron que el verdadero amor espanta todo aquello que finge ser cierto y que la única cadena que nos ata es la libertad. Ahora mismo reinita, cuando tengo la piel impregnada a la tuya, te siento ...