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Kuraq Aqulleq

Recarga en la Catedral del Cusco

A Juan Víctor Núñez del Prado Béjar 

Frente a frente, estamos. Tú me miras desde arriba, ni tan arriba, ni tan abajo, lo justo para decirme con tu mocha que me quieres, lo justo para que me corrijas. Yo aquí, parado, abajo, en estas bancas donadas, levanto la mirada, levemente. Te miro y lloro Tayta de los Temblores. Tantos años, tantos tiempos y no termino de descifrarte; siempre hay detalles, siempre revelas pensamientos en mí. Pero hoy no, no quiero decir quién eres. Tu mirada me lo impide. ¡Perdóname! ¡Dame fuerza! Yo soy tú, somos uno, pero tú sigues allí arriba y yo, aquí abajo. Es nuestra dualidad. 

Recorro esta Catedral, despacio, en silencio, cauto. No río ni lloro, solo estoy. El pasado no me sobrecoge. La altura no me atormenta. La oscuridad no me llama. Los claroscuros, me definen. Escucho el coro y mi respuesta es contundente: “en mi barca no hay oro ni espadas, tan solo redes y mi trabajo”. En cada pintura, que me recuerda a mis anteriores, me paro y observo. Otra vez, desde abajo, miro los colores que no hay, la vida compungida, el clamor plasmado. 

Antes de alcanzar la salida, me inclino y doblo una rodilla ante ti esfera pétrea, pesada, incólume, tallada con las manos de todos tus devotos y devotas, así como el universo se forjó con las manos de Dios. Me poso en ti, suavemente. Yo estoy arriba, tú abajo, pero no te miro ni te juzgo ni te increpo, solo cierro los ojos y te siento. Dejo mi jucha, mi mala vibra, y recibo tu potencia, tu fuerza, tu solidez, tus armas. Salgo, hacia la luz, casi completo, saciado...

Bajo las gradas del gran ushno andino-judeocristiano. Alcanzo la primera calzada de la Plaza Hawkaypata. Volteo, de a pocos, a ver mi recinto, la Catedral. Veo sus naves, su factura, sus alfiles retándome a jugar. Pero el Tayta Inti sobresale en mi mocha. Ingresa a mi pecho. Es el Rey, el Astro, el Padre, el Todopoderoso, fijo, infaltable, indomable. Me regocijo en su luz y aspiro, y aspiro, y aspiro. Mi cuerpo está terso, reluciente. Hoy, me dedico a ti.

Donaldo Humberto Pinedo Macedo
Cusco, 29 de agosto de 2023

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