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Poder y control


Tienes poder sobre mí, pero no control
Dado que has decidido anunciarme con vehemencia y exactitud tus desbordadas emociones, me di cuenta que tienes un gran poder sobre mí, porque todo cuanto me has dicho me afecta y al mismo tiempo me encamina, todo cuanto de corazón me has dado me sobrecoge, todo tu amor y amistad están en el núcleo de mi existencia y constituyen el motor de mis pasos. Ese es tu gran poder sobre mí.
Pero quiero decirte que una cosa es tu poder, que amo y respeto, y otra es tu ansiedad por controlarme, que hoy examino y desecho. Aunque con ahínco exasperas tus palabras y gestos, con todo respeto te digo que desde ahora tú no tienes control sobre mí, porque pretendes alimentar la ilusión de tu apego hacia mí. Te digo con franqueza, yo tampoco tengo el control sobre nada aunque quisiera. Crudamente te digo: nada de lo que más amo me pertenece o está bajo mis designios.
Pero eso sí, como tú, tengo poder sobre algunas cosas: tengo el poder de ser quién quiera, con quién estar y qué obtener. Pero a la vez mi poder –y el tuyo aunque no lo veas- se arrodillan con reverencia ante el poder de la Voluntad Divina. Es entonces cuando se nos confiere, sin control alguno, el Poder de Transformar, Trascender, Iluminar e Interceder.
Si tu gran amor y tu implacable amistad hacia mí están presentes todavía, eres bienvenida. Si consideras que nuestro Propósito es el mismo, brindemos juntos... ¡Quedas invitada a soltar la ilusión del control y asumir tu Gran Poder, que a su vez no depende de ti sino del Altísimo!

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